Estamos en noviembre, mes que arranca celebrando la fiesta de todos los santos, aquellos que gozan de la vida con Dios para siempre, que ya han llegado al Cielo, que contemplan a Dios cara a cara, le alaban y le dan gracias, aman y son amados plenamente… e interceden por nosotros, los que estamos en camino; la Iglesia triunfante del cielo se preocupa de la Iglesia peregrina de la tierra.
Al día siguiente, 2 de noviembre, la Liturgia de la Iglesia nos propone la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Nos recuerda que los cristianos podemos y debemos ayudar a las almas benditas del Purgatorio, que allí esperan su purificación completa con ansia de llegar a la casa del Cielo; nuestra cooperación permite a esas almas llegar cuanto antes.
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