No es lo mismo oír que escuchar; tampoco es lo mismo oír que entender. Escuchar, atender, entender, son actitudes beneficiosas tanto para el “escuchado” como para el “escuchante”. Los animales oyen, en cierta manera entienden, pero no escuchan, pues no se pueden poner en el lugar del otro.
En la comunicación humana, el hombre (la mujer), al ser escuchado, se siente acompañado, entendido y sobre todo comprendido. Por otra parte, la comprensión no significa estar de acuerdo con el mal, sino empatizar, acompañar, ver al otro como persona, “estar en su pellejo”. Escuchar es comprender, es una forma de amar. Humanidad y comprensión vienen a ser equivalentes.
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